La mirada de un refugiado: “Hacer cola, simplemente eso, cola tras cola”

La mirada de un refugiado: “Hacer cola, simplemente eso, cola tras cola”

Son ya muchos los meses que miles y miles de personas ocupan los campos de refugiados desplegados por todo Grecia. Esperando y soñando con que algún día la frontera se abrirá y que de una forma u otra su acceso al continente llegará antes o después.

La primera vez que hablamos con un refugiado en el campo, hace unos días, nos lanzamos y le preguntamos: “¿cómo es vuestro día a día?” Lo hicimos de la manera más inocente. Él respondió sin dudar y entre risas: “hacer cola, simplemente eso, cola tras cola”. Se notaba su resignación. Se percibía que lo tenía asumido, “no hay nada más que hacer” insiste.

En una de nuestras conversaciones con un voluntario que se encargaba de ocio en el campo, él afirmaba resignado: “Hay que entretener a esta gente, hay que darles algún tipo de motivación. Si no, ¿qué? Todo el día haciendo cola”. Él mismo, sin apuntar nosotros en esa dirección, toma el camino. Insiste en la misma idea que nuestro primer interlocutor, no hay nada más que hacer que cola. Para conseguir cualquier cosa es necesario esperar a que llegue tu turno.

Da igual Idomeni o Eko. Da igual sirio o afgano. Da igual más mayor o más jóven. Da igual tener que ir al baño o necesitar un poco de comida. Hay que hacer cola. “Para todo necesitamos hacer cola” nos decía otro refugiado.

“En este campo (Idomeni) hay un único punto de agua potable. Muy pocas duchas para todo el campamento” afirmaba una voluntaria. “Si ahora con unas 5.000 personas esto funciona así, no quiero imaginarme cómo funcionaba cuando aquí había 12.000 personas viviendo” exclama mientras mueve las manos sorprendida (e incluso indignada).

Las colas no siempre funcionan, a pesar de que lo tengan aprendido y sepan que es lo que tienen que hacer. “El reparto a veces es una locura” cuenta Alberto, un voluntario que lleva una semana colaborando, “algunos te mienten y te dicen que tienen más familia o que tienen más hijos para conseguir algo más. Nunca saben si mañana conseguirán algo además de la ración que les reparten”. Él trabaja con el equipo que a primera hora de la mañana reparte bananas en el campo, para muchos, un desayuno garantizado.

“Repartir en la zona de las vías es una auténtica locura” añade. Es la zona más complicada por lo que nos cuentan. Allí la presencia de los voluntarios y de las ONG es menor, casi nula, y reina un descontrol mayor comparado con el resto del territorio que copan los refugiados.

Hacer cola. Esperar. No perder la esperanza. Tres cosas imprescindibles para las más de 5.000 personas que seguro viven en estos momentos en Idomeni sin nuevas noticias sobre el que será su futuro más inmediato y con, simplemente, sueños sobre su futuro más lejano.


1 thought on “La mirada de un refugiado: “Hacer cola, simplemente eso, cola tras cola””

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    Miguel Ángel on mayo 18, 2016 Responder

    Muy grande el trabajo que estáis haciendo, hacéis que nos sintamos orgullosos de vosotros… Adelante no paréis, seguir así, tenéis un gran futuro por delante.
    ENHORABUENA!!!!

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