Día 2: Entre los restos del temblor

Día 2: Entre los restos del temblor

Amanece temprano el nuevo día en Katmandú. El sol pega con fuerza haciéndose un hueco entre la inmensa capa de contaminación que cubre la capital nepalí. Hay que darse prisa para no pillar el atasco de la mañana. Próxima estación: Bhaktapur.

Apenas a trece kilómetros de Katmandú se sitúa esta ciudad menos bulliciosa pero con el mismo encanto. Se puede llegar de distintas maneras pero, sin lugar a dudas, la más auténtica es cogiendo el autobús. Optamos por ella y nos lanzamos a una jungla de vehículos, golpes, pitos y gritos. Finalmente, encontramos el vehículo que nos lleva a nuestro destino y nos hacemos un hueco entre las personas que parada tras parada se van agolpando dentro de estas obsoletas máquinas.

El viaje transcurre esquivando motocicletas, bicicletas y a todo lo que se atreve a lanzarse a la carretera. Frenazos y volantazos son constantes, pero qué se puede pedir por 25 rupias (unos 25 céntimos de euro). En algo más de una hora llegamos a Bhaktapur, donde nos espera la persona que nos ha de guiar estos días por el caos nepalí. Rajal es su nombre, un joven de 28 años que nos abre las puertas de la ciudad, evitando además la alta tasa que deben pagar los turistas por visitar el centro histórico. Su cuidada estética contrasta con nuestro aspecto un tanto desaliñado, pensado para movernos por el barro y el polvo que cubren las calles. Pantalones remangados a la última moda, gafas de sol y camisa. Nos cuentan unos compañeros españoles que es lo que se encuentra habitualmente entre la población, principalmente si hablamos de los jóvenes.

Avanzamos desde las afueras por una zona verde, con pequeñas casas y múltiples artesanos que trabajan la madera. Todos se afanan para dejar perfectas las sillas, mesas y demás mobiliario. Cerca del río encontramos algunas miradas muy importantes que contar. Familias enteras malviven en pequeñas casas de hojalata fabricadas por ellos mismos con el material que les han ido donando. Hablamos con un padre de familia que se vio forzado a moverse a este lugar por la imposibilidad de vivir en su casa. Su hogar, situado apenas a unos metros de allí, no soportó el terremoto.

Al pasear por las azoteas de algunos de los edificios somos más conscientes de la dimensión del temblor que arrasó la zona. Si en Katmandú los restos del desastre son apenas perceptibles, en Bhaktapur la cosa cambia. Un paisaje de destrozo se hace visible por todas las partes de la ciudad. Templos convertidos en escombros, casas que dejaron de tener vida hace ya dos años, o calles bloqueadas por los restos de edificios caídos. A día de hoy, la rutina de algunos habitantes de esta ciudad del valle de Katmandú sigue incluyendo escalar por montañas de ladrillos desplomados para alcanzar su destino.

Después de una mañana dura, hay que recobrar energías. Unos siguen probando comida típica del lugar, otros apuestan por ir a la seguridad de un buen plato de pasta y hay quien decide probar el alimento famoso del lugar: su yogur. Entre bocado y bocado trazamos el plan de la tarde y nuestros pasos para los futuros días.

Sin embargo, Nepal es un lugar impredecible. Mientras observamos el antiguo palacio del rey, con una ventana para cada una de las 55 esposas que tenía, nos damos cuenta de que se avecina una buena tormenta. Sin terminar de conocer la historia completa del lugar, optamos por volver a casa. Bajo un gran aguacero adornado con imponentes relámpagos, retornamos en una furgoneta a Katmandú. Es más cara, pero nos ahorramos la media hora de paseo bajo la lluvia desde la estación de autobuses hasta nuestro lugar de descanso. Vemos alejarse la ciudad con la idea de que esa no será la última vez que la veremos. Bhaktapur esconde muchas miradas, tendremos que volver para contarlas.


1 thought on “Día 2: Entre los restos del temblor”

  • 1
    santiago on abril 2, 2017 Responder

    Buen trabajo, seguir asi.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *