Día 8: Comienza la recta final

Día 8: Comienza la recta final

Primera mañana libre desde que hemos pisado suelo nepalí. Nos levantamos sin despertador, el tiempo no se mide como en Madrid y sabemos que más tarde de las 10 no nos vamos a despertar, pero el hecho de no ponerlo nos hace sentir mejor. Salimos de nuestro modesto alojamiento a por el café de la mañana y nos dirigimos al templo o pagoda de Boudha, uno de los lugares budistas más famosos de Katmandú. A pesar de que no tengamos ninguna entrevista programada esta visita no deja de encerrar algo de trabajo, los posibles recursos y fotografías que consigamos en el templo serán material clave a la hora de contextualizar la ciudad.

La pagoda de Boudha es un monumento de dimensiones faraónicas revestido por completo de color blanco, símbolo inequívoco de la cultura budista. Para poder acceder al recinto en el que se encuentra se debe de pagar una pequeña cuota que contribuirá a su mantenimiento. Una vez dentro el panorama nos sorprende, es verdad que nos lo habían avisado, pero observar a la gente andando en la misma dirección (siempre hacia la izquierda) llama la atención, y es así, dentro del recinto solo se puede caminar en un sentido, lo contrario está considerado como una falta de respeto.

Así que nos unimos al río de personas que caminan y poco a poco vamos dando la vuelta a todo el monumento, es impresionante. La infraestructura se compone de nueve partes diferentes entre las que destacan 13 escalones, el mandala (la mansión de Bouddha), el lotus o los dos ojos. Tras dar un par de vueltas nos perdemos por las calles secundarias hasta lograr encontrar una terraza que nos permite observar el templo desde las alturas.

A pesar de que nos encontremos muy cerca del centro, y en especial de nuestro barrio, Thamel, a las cuatro de la tarde abandonamos Boudha y nos peleamos por subirnos a uno de los muchos caóticos autobuses que nos llevarán hasta allí, no queremos llegar tarde a nuestra siguiente entrevista, Hugging Nepal. Se trata de una asociación de españoles, creada a raíz del terremoto.

María y Álvaro nos reciben en su modesta oficina para contarnos en qué momento decidieron poner en marcha su aventura tan personal. Ambos estaban en Nepal antes del temblor, pero a raíz de la catástrofe, sus labores de profesores de español comenzaron a compaginarse con este proyecto.

“Es la gente la que nos ayuda. Donaciones privadas y otras organizaciones” nos cuenta María, que no se olvida que comenzar fue difícil. “Yo salí de Nepal el día del terremoto y volví el día en que se produjo el segundo. Casualidad” dice Álvaro que además añade “fue más fácil conseguir algo de ayuda para arrancar desde España”. Lo que comenzó como un proyecto para hacer frente a las primeras necesidades tras una catástrofe de esas magnitudes se ha convertido en una organización por la que, dos años después, han pasado más de 150 voluntarios que llegan a Nepal a poner su granito de arena.

Mañana será nuestro último día de trabajo sobre suelo nepalí, comienza la recta final de #MiradasEnNepal.


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