Día 7: Changunarayan

Día 7:  Changunarayan

Siempre que hablas con un europeo en Katmandú te dice lo mismo: «el verdadero Nepal está en los pueblos». Con ese empeño nos lanzamos a las alocadas carreteras en un autobús rebosante para acercarnos a cara rural de este hermoso país

Después de probar los estrechos asientos de tres autobuses distintos, llegamos a Changunarayan. En este pequeño pueblo sobre las colinas del valle conviven aquellos que trabajan el campo o los animales con lo que se dedican al turismo que llega desde las cercanas en kilómetros Katmandú o Bhaktapur pero un tanto distanciadas en tiempo.

Gallinas, cabras, patos y perros viven en total armonía en un pueblo en el que apenas se escucha un ruido. Todo el jaleo se concentra en el templo. Destruido tras el terremoto, los trabajadores se emplean a fondo para que recupere su esplendor milenario. Alrededor de él se levantaban casas que ahora ya son historia.
Las mujeres descansan sentadas en la sombra frente a sus casas mientras que los jóvenes pasean de tres en tres con sus motos bajo el intenso sol y el asfixiante viento. Al menos no tienen que respirar el polvo y los humos de los que habitan en la ciudad, aquí sólo se distingue el olor de las cabras que se ven subiendo la colina. Desde lo alto la vista es prodigiosa. El vasto valle se extiende verde y amplio, y la ciudad se distingue bajo un denso manto blanco de contaminación.

Un par de jóvenes se paran cuando nos ven organizando el pequeño set de rodaje que utilizaremos ese día. Ambos nos cuentan que recuerdan el día del terremoto con horror. “Todo temblaba, la gente salía de sus casas, nadie sabía qué iba pasar” dicen. Superando, por poco, los veinte ambos estudian en Katmandú, tardan 30 minutos superando el alocado trafico nepalí y tienen claro que es la forma de avanzar, “aquí todo el mundo trabaja en la granja”. “El día del terremoto, todas las familias salieron al campo para alejarse del movimiento de los edificios, podíamos ver como se balanceaban” dice uno de ellos que estudia administración en la capital.

Un hombre que supera los sesenta se sienta con nosotros para contarnos su historia de forma pausada, con tiempo. “Estaba en medio del campo cuando la tierra comenzó a temblar, me agarré, por instinto, a la hierba, solo podía pensar en mi familia” nos cuenta. Son un total de seis personas las que viven con él, todas estaban en casa cuando el terremoto comenzó y tuvieron que huir a un espacio abierto para ponerse a salvo, “no sabían si el edificio aguantaría” dice.

La narración del anciano termina con una idea muy clara: “esto volverá a ocurrir, tengo esa sensación, y creo que todos los sabemos”. Lo que está claro es que nadie pone remedio a ello, la mayoría de las reconstrucciones no se plantean como hacer frente a nuevos seísmos, temblores que llegarán de nuevo a Nepal.


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