Día 5: Viaje a Sankhu

Día 5: Viaje a Sankhu

Llegaba el momento de conocer un Nepal diferente. Un Nepal alejado de las grandes ciudades. Un lugar alejado del bullicio y donde se pudiera respirar un aire sin altas dosis de humo, pero con el mismo polvo. Hoy hemos cogido el bus con nuestra brújula apuntando a Sankhu.

A unas dos horas en autobús de Katmandú se encuentra Sankhu, un pequeño pueblo entre las colinas. Aunque todavía conserva gran parte de su belleza, gran parte fue arrebatada por el terremoto. Por sus calles se sortean escombros mezclados con los materiales de reconstrucción. Las familias se reparten el trabajo para volver a poner en pie sus hogares y sólo les interrumpe el paso de alguna moto por la calle en medio de la cual están haciendo el cemento.

Al final del pueblo un templo y a sus pies un rio en el que, de la forma más tradicional, las mujeres limpian a sus más pequeños y lavaban sus ropas. Al cruzarlo: el Nepal más rural. Grandes hectáreas de tierra cultivada y tan solo dos jóvenes en el centro intentando terminar de poner en pie la que ahora es su casa. Cuando nos acercamos a ellos, ayudados por nuestro traductor, conseguimos que nos expliquen que son hermanos y que ese lugar es el que tras el terremoto les acoge. “Nuestra casa se vino abajo. Este era nuestro lugar de trabajo en medio del terreno de cultivo, ahora dormimos aquí” dice el mayor de ellos. No conseguimos que ninguno de los dos, por pura timidez, nos cuente su historia de forma pausada y tranquila frente al objetivo de la cámara.

Continuando por las calles del pueblo nepalí nos encontramos otra zona llena de hogares improvisados hechos de lata. En una de sus puertas, una mujer que supera los cincuenta arregla su propiedad. Cuando conocemos su historia la mujer accede sin dudar a contárnoslo frente a la cámara. Rápidamente disponemos el set de rodaje pero, cuando nos damos cuenta, una fila de más de diez mujeres se prepara para ser la siguiente entrevistada: las mujeres de Sankhu.

Cada una de ellas muestra su historia de la forma más peculiar. Una de ellas nos cuenta que su hermano falleció días después del terremoto por las malas condiciones de vida en las que están obligadas a vivir; otra nos cuenta que sobrevivió gracias a que ese día se escapó con sus hijos a las montañas; la otra nos dice que en un primer momento confundió el sonido del terremoto con un disparo, luego la tierra comenzó a temblar.

Volvemos a casa después de más de diez horas de trabajo habiendo escuchado historias de supervivencia, lejos de la gran ciudad, lejos del caos, en un lugar en el que el temblor se pudo sentir de una forma diferente.

 


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