Día 4: La alambrada

17. mayo 2016 Diario 1
Día 4: La alambrada

No sé si alguna vez habrán visto una frontera de cerca. No la frontera de los viajes, esa que pasas con papá y mamá cuando vas a otro país. La frontera con la que se sueña, a esa me refiero. La frontera a la que te acercas y dice claramente que no puedes pasar.

Hoy en Idomeni nos hemos acercado a la valla. A la alambrada. A las concertinas. Esa extensa malla con pinchos puntiagudos que destrozan a todos aquellos que intentan cruzarla.“Yo no me he acercado todavía” nos dice cuando llegamos una voluntaria, Teresa, “todavía me da un poco de respeto”. Nosotros llevábamos días comentando que necesitábamos, no solo ver y fotografiar esa imagen, sino sentirla.

El acceso a ella es sencillo. No hay ningún tipo de complicación. El campamento está a unos 500 metros, incluso los refugiados pasean por un camino que se ha formado al lado de la valla. Nadie sabe decirnos cuánto mide en total, pero todo el campo acaba en ella. Cientos de metros de concertinas, dos vallas y en medio un espacio, un pequeño camino por el que los militares macedonios pasean controlando cualquier tipo de movimiento.

El principal acceso, aparte de por carretera, es la entrada ferroviaria, ahora cerrada tras la llegada de los refugiados. Meses atrás, estaba abierta, las miles de personas que llegaban continuaban su camino, pero eso se terminó. En ese momento, la presencia de las fuerzas de seguridad aumentó considerablemente.

Un tanque macedonio se colocó en la puerta, encargándose de lanzar los botes de humo cuando se producía algún disturbio o cuando simplemente había algún intento de saltar la valla. Tiempo después, el movimiento llega desde el lado heleno. La policía, con dos furgones, ocupan las vías, a escasos metros de la unión con Macedonia. La presencia de fuerzas aumenta, y más todavía si nos referimos al puesto fronterizo.

Imponente presencia macedonia en la frontera. Fotografía: Rubén Omar Mendoza
Imponente presencia macedonia en la frontera. Fotografía: Rubén Omar Mendoza

“Nos olemos que van a desalojar las vías”

“Hoy un refugiado nos ha dicho que le han obligado a desmontar su tienda” nos cuenta Gemma, voluntaria española en Idomeni. “Ellos les dicen que es porque van a construir un camino pero ¿a quién quieren engañar? Nos olemos que van a desalojar las vías”.

Intentamos hablar con el chico que ha tenido que abandonar esa parte del campo pero no es posible, aun así, intentamos acceder a la zona ya ‘despoblada’. Poco a poco, la policía hace su trabajo: “están presionando, por todas las vías, pero están presionando” dice Alex, otro voluntario. “Presionan por un lado a los voluntarios, con muchos más controles; y a ellos con este tipo de acciones. Quieren que nos vayamos: nosotros y ellos” añade.

Hace más de un mes que se da por cerrado el campo y se comentaba que el día 15 de mayo era el día elegido para el desalojo, pero de momento eso no ha ocurrido. Los voluntarios creen que la policía desplazará a los refugiados en las vías en cualquier momento, y no confirman que sea de forma pacífica. Temen que haya violencia.

La alambrada impresiona. Más todavía acercarse. Y más todavía pensar en la cantidad de sueños que se han quedado entre alambres y militares.

La policía se encarga de presionar a refugiados y voluntarios Fotografía: Elena de Ondarza
La policía se encarga de presionar a refugiados y voluntarios Fotografía: Elena de Ondarza

1 thought on “Día 4: La alambrada”

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    Santiago de Cea on mayo 17, 2016 Responder

    Felicidades, no puedo leeros sin que se me salten las lagrimas. Un abrazo

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