Día 2: Eko Station

Día 2: Eko Station

Nos encontramos en el tercer día de estancia en Grecia, el segundo que dedicamos a viajar hasta el campo de refugiados. En nuestro primer día oímos entre los voluntarios que Idomeni no era el único campo de dimensiones considerables al norte de Grecia. Hay tres más, tres campos más con miles de personas atrapadas.

Hoy hemos conocido Eko con 1.500-2.000 personas viviendo en un mar de tiendas repartidas a lo largo de la carretera. ¿Por qué este nombre? Las viviendas de los refugiados se sitúan alrededor de una gasolinera, Eko. El motivo por el que una estación de repostaje, situada al lado de una autopista, se ha convertido en el improvisado hogar de estos refugiados no es comprensible, pero Pedro, voluntario, nos lo explica. “Idomeni ahora mismo es un hervidero de conflictos. En este campo predomina la presencia de kurdos, ellos mismos han decidido alejarse de los conflictos e instalarse en una zona cercana, en un sitio con fácil comunicación”

En Eko predomina la presencia de voluntarios españoles. “La gran mayoría son catalanes, pocos he conocido de Madrid”, nos sigue relatando Pedro, murciano que ha acudido durante tres semanas a Grecia a ayudar “en lo poco que puede” como dice él mismo. Su labor como voluntario consiste en ayudar por la mañana en la cocina improvisada, participa tanto como cocinero, como repartidor de alimentos. El resto del día lo dedica a actividades de construcción dentro del campo y a pasar tiempo con los niños, ellos son los protagonistas del campo.

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Mirada al cielo, un abrazo y avanzar

Eko nos sorprende por su considerable tamaño. A nuestra llegada vemos a unos 50 niños jugando con varios voluntarios, nos ven llegar y se acercan corriendo. Solo quieren un abrazo, una sonrisa, una foto, una pequeña caricia… Los niños son siempre los más vulnerables, estos niños desprenden necesidad de atención y de cariño. Rápidamente nos preguntan por nuestros nombres y nos gritan los suyos.

Quieren jugar contigo y casi lo primero que quieren saber es si volverás mañana. Parece que necesitan tener algo seguro, que les demuestres que te involucras, que te importan. Es muy duro ver a niños pasándolo mal. Es muy duro ver a niños sin padres, niños que no sabes qué será de ellos.

No nos entendemos con ellos, no hablan inglés, pero intentan comunicarse de todas las maneras posibles. Les preguntamos por su familia, queremos saber con quién viven. Uno de ellos, con tan solo once años, se lanza a contarnos su historia. Una de sus hermanas está en Siria; otra en Turquía,no llegó a poder cruzar. Cuando le preguntamos por sus padres, el pequeño sonríe y señala al cielo. No sabemos qué decir ni qué hacer. Para él es normal, nos abraza y pregunta si mañana volveremos. Él sigue avanzando. Sigue viviendo.

El fútbol, siempre un tema que no entiende de fronteras, triunfa entre los chicos, que sonríen contentos al saber que somos de Madrid y que el Real Madrid tiene que ser nuestro equipo favorito.

Un campo más. Nuevas miradas. Nuevas historias. El mismo drama, el mismo objetivo: cruzar la frontera y seguir avanzando, aunque por ahora no puedan hacerlo.


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